La ciudad de Cracovia, relacionada por muchos con el Casco Viejo,
Wawel, precel y lajkonik, crece delante de nuestros ojos. Pasada la moda de
Casimires, ha llegado el momento de atracar las barcas cerca de los bulevares del Vístula, llenos de zonas verdes y pequeños talleres de
Podgorze,
Nowa Huta del realismo social.

Cracovia subió carismáticamente al podio de la lista de los éxitos turísticos europeos y se situó orgullosamente al lado de París, Barcelona, Praga y Roma. Su
Casco Viejo es el más grande de Europa y la parte vieja única con su Kazimierz que bate los records de popularidad. Rodeado de bares, llenos de vida casi 24 horas al día, que atraen a la gente tanto como sus viejos y majestuosos monumentos.
El año pasado llegaron hasta aquí más de siete millones de turistas de todo el mundo. Las líneas aéreas que luchan por conquistar el mercado de Europa del Este no utilizan la imagen del puente de Carlos de Praga, ni el edificio del Parlamento de Budapest, sino la imagen de la Lonja de los Paños,
Sukiennice. La iglesia de
Nuestra Señora es el símbolo de esta parte del continente, no sólo para las agencias de viajes españolas sino también para las empresas que organizan las despedidas de solteros para los jóvenes ingleses.
La Cracovia de hoy contradice a su imagen estereotipada: la pátina, las conservas y la poesía cantada. Cada vez está más presente la energía vital y el murmullo de los ordenadores portátiles apoyados en las mesas de las tabernas de Kazimierz. Tiene un toque de Viena con tácto, y de Berlín chillón y de moda. Todo aquello en contacto directo con la naturaleza llena de silencio, sitios encantadores por su belleza, y caminos íntimos que llaman para abrirlos una y otra vez más a fuerza de pasar.